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Lilith Magazine - En Espagnol


Otra palabra secreta con V
Spring 2005

Por Harriet Lerner

En términos de ansiedad, miedo y vergüenza el cuerpo pasa a primer plano: cómo luce, cómo funciona, cómo se siente, de qué manera ha sido cuidado o descuidado, cómo cambia, cuánto tiempo seguirá funcionando de la misma manera. Mujeres judías en tratamiento terapéutico tienden a hablar con más libertad del cuerpo y sus razones y de su sexualidad respecto a mujeres de otros grupos étnicos y religiosos. Sin embargo hay una excepción: una parte del cuerpo femenino es el lugar de tanta ansiedad y vergüenza que en general se lo borra de la conversación.

-No es la vagina. Es la vulva.

-¿Qué?

-Sí, la vulva, los genitales femeninos externos que incluyen los labios vaginales y el clítoris. La vulva es el equipo estándar femenino. Es todo lo que vemos cuando miramos. Entonces ¿por qué no la podemos nombrar?

Concientización sobre la vulva

¿Qué es la vulva? Cuando a mi amiga Nancy se le diagnosticó “vestibular adenitis” -una enfermedad poco común de las partes indecibles- llamó al Instituto Nacional de Salud para pedir mayor información. Le presentó el caso a una mujer a cargo de dirigir su llamado. ¿Vulva?, la mujer le repitió en tono quejumbroso. ¿Es eso corazón y pulmones?

Mi primer intento serio de concientizar sobre la vulva fue dirigido a mis colegas profesionales. Una vez que me sumé al personal de la Clínica Menninger publiqué un ensayo científico titulado: “Calificación parental errónea de los genitales femeninos como un determinante para la envidia del pene y las inhibiciones de aprendizaje en las mujeres”. Un caso que utilicé como ejemplo ilustraba cómo el fracaso en nombrar en forma correcta los genitales externos femeninos contribuye a crear vergüenza y confusión sobre la sexualidad, así como a inhibiciones sobre el aprendizaje. El artículo fue publicado en 1974 en una prestigiosa revista psicoanalítica y como respuesta recibió un digno y fraternal silencio.

No me desanimé. Continué por décadas alentando a padres a utilizar el término vagina cuando a eso se refieren y vulva cuando se refieren a eso otro. Cuando le pregunto a los padres, porqué no les explican a sus hijas que tienen una vulva que incluye el clítoris, escucho diferentes excusas, bien imaginativas:

“Si hablo con mi hija sobre la vulva y el clítoris es como decirle que vaya a masturbarse”.
“La vulva es un término médico. Técnico. No quiero bombardearla con palabras que sus amigos no conocen. (Esta cita es de padres judíos que enseñaron a su pequeña
hija sobre los ovarios y las Trompas de Falopio).

“La vagina es su órgano sexual. Se refiere a las relaciones sexuales y reproducción. Es todo lo que ella tiene que saber al respecto”.

Es verdad que los norteamericanos no remueven por medio de cirugía el clítoris y los labios vaginales como es el caso de millones de jóvenes y mujeres en otras culturas. En cambio, hacemos el trabajo lingüísticamente: una mutilación genital lingüística, si se quiere. El lenguaje puede ser tan poderoso y rápido como el cuchillo del cirujano. Lo que no se nombra no existe.

¿Cómo se llama el problema?

“A mi esposo no le gusta mi vagina”, me dice Louise mirando el piso. “Me dice que es confusa y complicada. Siente que necesita un mapa para encontrar su camino. Y odio sentirme como un policía de tráfico. Siento que hay algo malo o diferente sobre mí, por lo que no puede encontrar su camino”.

Trato de imaginarme una vagina confusa y complicada pero no puedo. Mi paciente es una profesora e investigadora. Puede distinguir entre la vagina y la vulva. Se siente incómoda usando la palabra correcta, pero la invito a hacerlo cuando le pregunto:
-¿Una vagina complicada?

- Se enrojece y responde casi enojada: “Hablo de eso –tu sabes- la cosa externa.”

-¿Estas hablando de tu vulva?

-Sí, sí de eso mismo, responde.

¿La cosa externa? ¿Por qué se usa un lenguaje tan confuso e indiferenciado, y despreciativo para la vulva? Como la mayoría de nosotras, Louise fue educada con alguna variación de “los varones tienen un pene y las mujeres una vagina”. Como se cita en un popular libro de esa época: “La niña tienen dos ovarios, un útero y una vagina que conforman sus órganos sexuales. Los órganos sexuales del varón son el pene y los testículos ”. Uno de los primeros cambios (durante la pubertad) será el crecimiento de pelo alrededor de la apertura vaginal de la joven”. (Las itálicas son mías).

Esta clasificación tan parcial e inadecuada de los genitales femeninos puede inspirar a una adolescente a sentarse en el piso del baño con un espejo y concluir que ella es un monstruo. Como tantas otras mujeres, Louise tuvo tal horrible experiencia juvenil. Durante el largo transcurso de la terapia, tuve con Louise muchas conversaciones sobre anatomía y sexualidad . Cuando ella era una niña había observado con cierta envidia el pene de su hermano, porque le pareció tan pulcro y simple.

“Era fácil de figurarlo. No era confuso y con partes escondidas. Todo estaba afuera y abierto a la inspección”. Cuando le hice notar que lo que ella “tenía afuera” también estaba abierto a la inspección, pero no se lo nombraba, Louise respondió con inmediata certeza: “Sí, todos sabemos que los hombres tienen penes y todos podemos decir la palabra . Pero la única palabra empleada por la gente para describir lo que la mujer tiene es ‘vagina’”.

La vergüenza y confusión ansiosa que Louise experimentó sobre su vulva continuó en su adultez. No se desvestiría en un vestuario si hubieran otras mujeres presentes. Odiaba el hecho que sus labios vaginales “aparecían afuera como barbas de pavo”. Las mujeres heterosexuales casi nunca tienen la oportunidad de ver información visual certera ( en comparación con otras mujeres) que nos permita apreciar nuestra variedad anatómica. Respecto a la cuestión ¿Qué es normal? Las vulvas difieren ampliamente en estilo, color, medida y proporción y muchas incluyen “barbas de pavo”.

Un trauma sexual también influía la vergüenza de ser diferente que Louise sentía. Siendo alumna del colegio secundario, su padre ingresó a su cuarto durante un período de varias noches cuando su madre se encontraba fuera de la casa, cuidando a su propia madre que estaba muriendo. Durante ese período el padre de Louise le hizo cosquillas en las piernas y la vulva “para ayudarla a relajarse”. En esa época se encontraba en terapia y trató de darle vueltas a su propio incidente traumático mencionando que tenía una amiga cuyo padre la tocó entre las piernas. “¿Estás tratando de decir que su padre le tocó la vagina?, le preguntó la sicóloga. Louise respondió que probablemente fue un invento de su amiga y cambió de tema.

Louise se fue a su casa y buscó en el diccionario la palabra “vagina”. Se sintió mareada de la vergüenza y confusión. Su padre no la había tocado “allí”. ¿Estaba haciendo un gran escándalo de la nada? Conocía las palabras labios vaginales que habían sido definidos como “los labios que protegen la vagina”. ¿Entonces... esto significaba que su padre le había tocado el lugar que protegía el lugar que no debía tocar? Su situación, primeramente sacudida por la violación sexual, fue mistificada aún más por no contar con el vocabulario adecuado que le facilitara pensar y conversar claramente.

Cuando nos sentimos incapaces de comunicarnos en forma clara tampoco podemos pensar claramente. Es crucial para cada niña contar con el lenguaje adecuado para distinguir entre la vagina y la vulva, aun cuando no hubiera una historia de violaciones de límites. El continuo uso del término “vagina” en forma errónea daña la capacidad de una niña de desarrollar un “mapa” claro y diferenciado de sus órganos genitales externos e internos. El hecho que la exploración de sus genitales por parte de una niña no se corrobore con información pertinente, de su entorno también crea vergüenza corporal y ansiedad sexual. Y si ocurren violaciones sexuales en la infancia, el uso incorrecto de los términos aumenta la vergüenza y complica el proceso curativo.

¿La vagina monologa?

He estado “concientizando sobre la vulva” desde finales de la década de los sesenta, publicando y dando conferencias sobre la importancia de usar la palabra correcta: vulva, que incluye los labios vaginales y el clítoris. Tuve razones para pensar que estaba progresando. Sin embargo cuando vi la obra “La vagina monologa” (“The Vagina Monologues”) sentí que me caí por el agujero del conejo de “Alicia en el país de las maravillas”. Esta es una obra que intenta restaurar el orgullo en los órganos genitales femeninos –incluso el orgullo de nombrarlos- y no pudo ser más ofuscada sobre la realidad genital.

La dramaturga Eve Ensler ha hecho enorme contribuciones a las mujeres. No me quiero centrar en Ensler, sino en su audiencia: los miles de mujeres y hombres que presenciaron la obra de teatro o escucharon alguna conversación al respecto y pretendieron que nada fallaba- o peor aún que no supieron ver que pasaba algo-.

¿Cómo puede ser que esta palabra de dos sílabas “vulva” se encuentre rodeada de tanto miedo y confusión? El mismo Freud reconoció la ansiedad que la vulva parece inspirar y citó un pasaje de Rabelais en el que la exhibición de la vulva de una mujer hizo que el mismo diablo huyera. Teóricos del psicoanálisis consideran que la ansiedad de la castración masculina es una fuente del miedo, notando que es “la vulva maternal peluda” y no la vagina (que es invisible a la inspección) que puede dar la impresión de una “herida” y puede provocar en pequeños varones la impresión que pueden perder su pene.

Dejando de lado las teorías freudianas, uno puede asumir que la vulva amenaza de tal manera porque es la principal fuente del placer femenino, el primer sitio de masturbación y descubrimiento para la niña, separado de las relaciones sexuales o reproducción. Muchos padres se muestran ansiosos de reconocer que su pequeña hija es un individuo sexual que siente curiosidad y placer en sus genitales, y el pavor social general y la negación de la sexualidad femenina están bien documentados.

Algunos años atrás empecé el Grupo-V, junto a algunas mujeres maravillosas asociadas con el Centro de Terapia para la Mujer en la ciudad de Nueva York. Como presidenta del Club las invito a ustedes a hacerse miembros. El criterio para la membresía es simple: utilizar en forma correcta las palabras “vulva” y “vagina” y alentar a otros a hacer lo mismo. Perdón, pero no hay carnets, remeras o insignias. Pero si reúnes los requisitos para hacerte miembro vas a contribuir a disminuir la vergüenza, dando más poder a las mujeres – y esto también es un regalo para los hombres.

Recuerda que para vencer el miedo y la vergüenza necesitamos elegir el lenguaje y expresarnos con claridad y definición para dominar al silencio y la mistificación. Tanto para nosotras, como para niñas y mujeres de todas las edades debemos usar la palabra correcta. Si lo puedes ver es una vulva . Dilo en voz alta.

Harriet Lerner, Ph.D., es la autora de “La danza de la ira” (“ The Dance of Anger” y otros libros best-séller. Este ensayo es una adaptación de su último libro “El miedo y otros huéspedes sin invitación” (“Fear and Other Uninvited Guests” que aparecerá en edición rústica como “La danza del miedo”:“The Dance of Fear”).


Traductora: Graciela Berger Wegsman